Desde una lejana celda…

Minuto a minuto… amor

Fernando González Llort: uno de los Cinco cubanos arbitrariamente encarcelados en Estados Unidos por defender a su país frente al terrorismo y la muerte, sigue en prisión, pero ningún tribunal puede ponerle rejas al amor entre él y su esposa Rosa Aurora.

Texto y fotos Pastor Batista Valdés

Quienes tenemos a la distancia de un segundo o de una caricia a la persona amada, no sabemos con exactitud cuánto duele cada nuevo día, físicamente lejos del amor que, en cambio, sigue tus pasos hasta el último rincón del hogar o te alienta a escalar la cima del próximo segundo.

Así ha tenido que ser el amor de Rosa Aurora Freijanes y de Fernando González Llort, desde que él y cuatro cubanos más fueron detenidos en territorio norteamericano, alevosamente procesados mediante un juicio carente de todo juicio, condenados sin pruebas ni argumentos reales y recluidos en cárceles de extrema seguridad, donde debiera ser "hospedada perpetuamente" la maldad de asesinos como el connotado terrorista Luis Posada Carriles y no la virtud de quienes luchan para proteger a su país y al mundo de la muerte.

Acerca de ello conversamos Rosa Aurora y yo, durante un cálido mediodía, en la sede que tiene el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en la oriental provincia de Las Tunas.

Rodeada de niños, Rosa Aurora quemaba kilómetros de cariño, ajena al tiempo en fuga, mientras derramaba con su firma, o con una frase autográfica, pedazos de ternura sobre la esquina de un libro, cuaderno, afiche o libreta, y saboreaba la mitad de cada beso recibido para enviarle la otra porción a su Fernando.

"Estas son parte de las razones que me ayudan a superar el dolor de aquel injusto encierro y de esta separación geográfica" —me confesó, evocando tal vez la recomendación tantas veces hecha por él: "Quiero que siempre estés optimista, pero sin dejar de ser realista."

Siguiendo ese consejo, ¿qué significa para ti cada nuevo día sin Fernando?

"El hecho de que no esté físicamente junto a mí no me derrumba; en verdad lo siento aquí, dentro de mí, en cada minuto de mi existencia y en cada paso que doy, porque todo cuanto hago pasa precisamente por cómo se sentiría él, qué pensaría, que me diría si estuviera a mi lado… y muchas veces hasta imagino las conversaciones que pudiéramos tener.

"Debe ser porque somos una pareja que hemos vivido con mucha intensidad nuestro amor y lo hemos compartido todo; de ahí nace la necesidad y la posibilidad de seguir compartiendo —aunque estemos lejos— cada minuto y cada segundo de nuestras vidas."

¿Fue siempre así?

"Quizás me enamoré de él como nos enamoramos todas las mujeres. Pero hoy puedo asegurarte algo: nuestro amor no es el del primer día. Ahora es mucho más grande; es mucho más amor. Yo pudiera decirte que extraño tremendamente a mi esposo, que lo recuerdo y necesito siempre, cuando apago la luz, cuando me acuesto y noto el vacío que hay a mi lado. Pero se trata de una necesidad mayor, no sólo física; es también espiritual, de aliento, de intercambio a cualquier hora del día."

¿Qué virtud de él te ha llevado más a amarlo así?

El silencio momentáneo en Rosa Aurora no es búsqueda. Quizás sea selección. Son tantos los detalles en que anida lo verdaderamente grande…

Por ello advierto que desearía resaltar la sencillez congénita de Fernando, su desinterés personal, el vínculo con quienes le rodean o "la extraordinaria capacidad de él, y de los Cinco cubanos prisioneros, para transmitirnos a nosotros (sus familiares), la sensación de que todo marcha y marchará bien y de que no debemos preocuparnos o desesperarnos".

También pudiera destacar el cariño que él ha sembrado no sólo en su mamá, en sus hermanas y en sus seres consanguíneamente más amados, sino también entre todos ellos y Rosa Aurora.

En cambio, tras unos segundos de meditación, ella prefiere reprimirse un suspiro y expirar una frase: "A Fernando lo distingue su sentido de la lealtad, de la fidelidad. Y esa virtud pasa por cada momento y por cada suceso o fenómeno de su vida: es la lealtad a Fidel y a la Revolución, a sus amigos, a su familia… a mí misma.

"A veces las parejas tienen desavenencias por situaciones de infidelidad. Y esa es la única preocupación que a mí jamás me rozaría la mente."

¿De las frases e ideas que han intercambiado en todos estos años de separación física, recuerdas alguna, en especial?

"El me ha repetido muchas cosas, pero hay dos frases que nunca olvido: una es que voy a ser la mujer más feliz del mundo, y la otra es que la dicha que hemos vivido se va a morir de envidia ante la dicha que viviremos"

¿Y…?

"Confío en que así será; porque yo creo en él, creo en la razón… creo en nuestro Amor."